Hace unos años estuve en un pueblo al norte de la capital de España, Madrid. Allí viví muchas experiencias, conocí gente maravillosa y otras no tanto, pero no se trata de hacer una crítica a las personas, sino de hacer una reflexión de algo que me llamó mucho la atención. Durante las fiestas de aquel pueblo, en honor, como otros muchos pueblos de España, a la Virgen, allí ocurría algo que me llevó a hacerme una pregunta, cuando se viven las fiestas con una aparente gran devoción, ¿se sabe lo que hacen? o por el contrario, ¿se viven las cosas por puro costumbrismo? Esta cuestión es la que hoy da sentido a la presente reflexión: devoción o costumbrismo.
En una ocasión, en aquellas fiestas me tocó predicar el día de San Joaquín y Santa Ana. Lo hice en la ermita de la Santa, en el centro del pueblo. En aquella ocasión me fijé en la persona de Santa Ana como madre de la Virgen. Como madre, la dedicación, el tiempo, los cuidados, educación que tuvo que dar y poner en aquella que después sería la madre del Salvador. Qué pensaría aquel matrimonio cuando se enterasen de que iban a ser abuelos del mismo Hijo de Dios, ¡vaya nieto les dio Dios! Los miedos que le entrarían a aquellos padres y la preocupación por lo que tendría que vivir su hija en aquella situación. La primera experiencia era decírselo a José y cómo éste se lo tomaría, ¿cuáles serían los consejos de aquellos padres? Lo cierto es que la responsabilidad que tenían era enorme pero esperanzadora. Fueron ellos los primeros que enseñaron el valor de la familia, nada menos que a la que iba a dar forma a la Sagrada Familia. Fueron aquellos padres los que enseñaron a rezar y a ponerse en las manos de Dios a aquella que iba a llevar en su seno al mismo Dios. Aquellos padres debieron enseñar a la niña cómo ser servicial en las labores de casa, a aquella que después tuvo que ver y acompañar a su Hijo hasta la muerte de cruz. ¡Vaya tarea de aquellos padres de aquella niña que no dudo en decir sí a Dios y traer a la vida al Salvador de la humanidad!
No me cabe la menor duda, que aquella niña, que pasaría a la historia como la Virgen María, después de tantos y tantos esfuerzos de sus padres, la Virgen les tendría un gran amor, no podría ser de otra manera, la madre del Amor que ama. En las fiestas de aquel pueblo, la primera noche, cuando llegaba la Virgen desde su ermita hasta el pueblo, pasaba la noche en la ermita de Santa Ana, entonces me dí cuenta de lo bonito de aquel gesto, la Virgen pasa la primera noche en la “casa de su madre”, como tantas y tantas noches haría en su vida. Pues bien, este gesto devocional, me sorprendió que los lugareños no se habían percatado, por lo general, de hecho alguno me lo manifestó de palabra, que después de tantos años, nunca lo había pensado. Fue entonces cuando pensé, ¡se puede vivir una de desde los costumbrismos! ¡Podemos vivir desde el “como siempre se ha hecho así”! Pienso que eso no es vivir la fe. Es vivir de una tradición popular, más o menos religiosa, pero si se pierde el sentido religioso, se corre el riesgo de vivir sólo una tradición, por muchos “vivas” que se suelten al aire.
La fe no es una mero costumbrismo que nos hace perder el sentido a lo que vivimos, a lo que celebramos, a lo que creemos. La fe es algo vivo, todo culto, toda celebración, está llena de sentido y de vida. Comenzando por la celebración más sagrada, la Eucaristía, hasta lo más puramente popular, como pueden ser las celebraciones de unas fiestas. Me preguntó, si realmente somos conscientes de lo que celebramos, o lo hacemos por costumbre. Tantas procesiones, tantos rituales, tantas oraciones que se hacen, ¿podemos permitirnos el lujo de pasarlos, pero no vivirlos? No estamos en tiempos de perder las oportunidades que se nos dan. A todo aquel que le interese un mínimo su fe, se dará cuenta de lo importante que es pararse y pensar qué es lo que se está haciendo y de qué manera.
Aprovechemos cada oportunidad que nos da la liturgia de la Iglesia para acercarnos al Misterio de nuestra fe. Vivamos con devoción y no por costumbrismo. En la liturgia todo está lleno de sentido que nos hace experimentar el amor y la salvaciónde Dios. Santa Ana y San Joaquín, no vivirían de costumbres con su hija y con su nieto, siendo quienes eran. Tendrían que aprender a vivir el día a día desde la novedad. Hoy estamos llamados nosotros a vivir esa novedad, no lo desaprovechamos. Novedad es contraria a costumbre. No está todo perdido, hoy podemos empezar a vivir la novedad del Evangelio, empieza hoy y no lo dejes para mañana, como decía mi difunto padre “por la calle del después se llega a la plaza del nunca”.
Maximiliano García Folgueiras
En nuestra vida se hace muy necesario el pararse de todas las prisas que llevamos habitualmente. Es necesario reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y no vivir como si fuésemos ajenos a lo externo. Hoy más que nunca urge saber dar una mirada creyente y esperanzadora ante un mundo en crisis. Nos disponemos a ofrecer una serie de reflexiones que nos ayuden a descubrir lo que hay a nuestro lado y dar una respuesta creyente y comprometida ante las distintas situaciones.
jueves, 10 de agosto de 2017
Devoción o Costumbrismo
sábado, 6 de mayo de 2017
viernes, 31 de marzo de 2017
Ser consciente de la presencia de Cristo
¿Cuándo perdemos la esperanza? Hay un dicho de que la “esperanza es lo último que
se pierde”, sin embargo, en muchos momentos nos vienen circunstancias en las
que parece que todo está perdido y ya no hay solución. Nos dejamos llevar por
el pesimismo que circunda la sociedad y apartamos nuestra mirada de la fuente
de la esperanza: Jesucristo. En estos momentos podríamos reconocernos en las
palabras de Marta, con la muerte de su hermano Lázaro: “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”, lo que
traducido a nuestros días es lo que tanto se oye de “si Dios existiese, no
pasarían las cosas malas que suceden”. Es evidente, que en estos momentos la
mirada se aparta de Dios, fuente de toda esperanza. En estos momentos parece
que ya no hay solución. Pero Marta nos enseña la importancia de rectificar, la
importancia de recordar lo que hizo el Señor por nosotros y los motivos que nos
da para poder seguir esperando “Aún ahora
sé que todo lo que pidas, Dios te lo concederá”. No podemos dejar de
escuchar estas palabras en nuestro corazón, en todo momento, en toda situación,
por duro y difícil que sea, Dios está preparado y deseoso de actuar en nuestro
favor. Dios no nos abandona y nos pregunta “¿crees
esto?” Marta entonces, a pesar del momento difícil, fue capaz de reconocer
que Jesús estaba presente, que el Mesías, el Hijo de Dios, se había hecho
presente para traer la salvación, la luz y la plenitud al mundo. ¿Qué
respondemos nosotros? ¿reconocemos a Cristo presente entre nosotros? Sigamos viviendo
esta cuaresma, siendo conscientes del camino que el Señor realiza con nosotros en
esta vida.
Maximiliano García
Folgueiras
domingo, 26 de marzo de 2017
Realmente éste era Hijo de Dios
“REALMENTE
ÉSTE ERA HIJO DE DIOS”
¿Son tan buenas y tan
perfectas nuestras acciones como para ensalzar nuestro ego? Sería bueno que
reflexionáramos qué es lo que hace que en nuestro mundo, cada vez se vea más
soberbia y egoísmo. En esta cuaresma se nos recuerda que “Dios, siendo Dios, se
rebajó de su condición divina y se hizo hombre” y realmente esto debería servir
para hacer nuestro examen de conciencia y pedir a Dios la gracia de la
humildad. Dios nos promete amor y perdón y nos lo da en aquella escalofriante
escena: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Para ello, en esta
cuaresma sería bueno posicionarnos en aquel centurión, que después de la
barbaridad de azotar y crucificar a Jesús y verle muerto, exclamó: “Realmente,
éste era Hijo de Dios”. Esta debe ser nuestra conversión, volver nuestra mirada
al crucificado, mirar en el crucificado nuestro pecado, reflexionar cuántas
veces y de qué maneras hoy hemos seguido crucificando a nuestro Señor. Pero,
volver nuestra mirada a él. Observar su mirada misericordiosa, su mirada llena
de amor, y escucharle, casi sin aliento por nosotros, perdonarnos. Ojalá, al
final de esta cuaresma, con la experiencia del perdón de Dios, que desea
otorgarle en el sacramento de la penitencia, y llenos de su amor, podamos
exclamar al Hijo de Dios, como nuestro verdadero Dios y Señor. No perdamos la
oportunidad de volver nuestra mirada al Señor y dejarnos sorprender, una y otra
vez, por él y así exclamar con todo nuestro ser: “gracias Señor por ese amor
tan irracional que has derramado en nosotros para nuestro bien y nuestra
salvación”
Maximiliano García
Folgueiras
martes, 14 de marzo de 2017
Vivir Sin Doblez
VIVIR
SIN DOBLEZ
«¿Por
qué recitas mis preceptos
y
tienes siempre en la boca mi alianza,
tú
que detestas mi enseñanza
y
te echas a la espalda mis mandatos?» (Sal 49,16)
Palabras muy duras del
Señor. Palabras que deberían hacernos reflexionar sobre nuestra manera de vivir
nuestra fe en el día a día que nos toca vivir. Son palabras que acusan
directamente la hipocresía piadosa que muchos creyentes practican hoy en
nuestras iglesias. Son palabras que van directamente al aparentar y no vivir.
Está claro que el Señor, en esta cuaresma, nos dice que cuidemos eso de lo que
hoy está tan de moda el “postureo” y que vivamos con entereza nuestra fe. En
esta cuaresma se nos pide que seamos íntegros, que no haya doblez en nuestra
forma de vivir.
Seguramente hemos sido
testigos, e incluso culpables en alguna ocasión, de aparentar una forma piadosa
de vivir, pero que, en el fondo, en el interior hay un gran vacío. ¿Qué
conseguimos con esto? ¿A quién pretendemos engañar? Realmente podríamos engañar
a las personas, e incluso en un ejercicio de interiorización, podríamos
engañarnos a nosotros mismos, pero no podemos pensar que podemos engañar a
Dios. Dios conoce lo más profundo de nuestro corazón, Dios sabe lo que vivimos
y cómo lo vivimos. Y el por él, para él y con él con quien tenemos que vivir
nuestra vida de fe. Entonces, ¿qué ganamos viviendo una fe, sólo de
apariencias? En esta cuaresma, se nos pide cambiar nuestro corazón, se nos pide
abrir nuestro corazón a la docilidad de Dios. Se nos pide ser transparentes
ante Dios y tomar una decisión de vivir nuestra fe desde nuestro interior y no
desde las falsas apariencias. Dios nos muestra que él es el hombre sin doblez,
que entregó su vida, siendo coherente con su misión, para la Salvación de la
humanidad. ¿Estamos nosotros dispuestos a vivir la fe de esta manera? Entonces
comencemos por reconocer nuestros errores,
pidamos perdón a Dios, en el sacramento de la penitencia, y recomencemos
nuestra vida cristiana de nuevo, al estilo que nos dejó nuestro Señor. De esta
manera, seguiremos caminando por este desierto cuaresmal, como Dios nos pide.
Maximiliano García
Folgueiras
lunes, 6 de marzo de 2017
Vivir el amor y caminar hacía la santidad
Muchas veces hablamos del
ayuno cuando llega la cuaresma. Parece que es un enorme sacrificio el de
guardar el ayuno. Sin embargo, en esta cuaresma el Señor nos pregunta, ¿de qué
nos sirve no comer si no amamos al hermano? Sería en el fondo, como buscar un
premio por algo meramente externo, que no tendría ningún sentido, sino es el
interés. El ayuno que nos pide el Señor en esta cuaresma es amar a nuestros
hermanos, a nuestro prójimo, salir de nosotros mismos e ir al encuentro del que
tenemos al lado, muchas veces solo, muchas veces desnudo, muchas veces
hambriento o sediento, muchas veces pasando frío. Ver en aquella persona el reflejo
de Cristo sufriente, que está en nuestras calles. Abrir nuestra mirada hacía
ellos y acercarnos, como buenos samaritanos, para dedicar parte de nuestro
tiempo a ellos. En esta cuaresma deberíamos pretender hacer un mundo más justo,
gritando al Señor, como el profeta Isaías, “Aquí estoy”, ante la llamada
universal que nos hace el Señor hacía la santidad “Seréis santos, porque yo, el
Señor, vuestro Dios, soy santo”. No podemos engañarnos, no podemos relajarnos
ni justificarnos, estamos llamados a buscar la santidad, y esta búsqueda se
tiene que dar ahora, en el momento y circunstancia concreta en la que nos
encontremos. Una búsqueda que viene impulsada por la llamada del Señor y su
gracia que derrama en nosotros. Esta santidad pasa por el amor y el sacrificio
cuaresmal, fijándonos en cómo actúo el Señor con amor y misericordia para con
los demás. Deberíamos caer en la cuenta de cómo el Señor se entregó por
nosotros, ¿qué hacemos nosotros por los demás? “Os aseguro que cada vez que lo
hicisteis con uno de mis hermanos, conmigo lo hicisteis”. ¿Estamos dispuestos a
amar al prójimo? ¿Estamos dispuesto a buscar la Santidad en esta cuaresma? No
perdamos el tiempo, pues éste apremia, es el tiempo de la misericordia, es el
tiempo de la Salvación. Caminemos en esta cuaresma en el amor a los demás y en
búsqueda a la santidad.
Maximiliano García
Folgueiras
lunes, 27 de febrero de 2017
COMENZAMOS
LA CUARESMA 2017
Con el miércoles de ceniza comenzamos la cuaresma. Otra
vez, otro año más se nos regala la posibilidad de convertir nuestros corazones
al amor y a la misericordia de Dios. Una vez más se nos recuerda que somos
polvo, ese polvo que mancha, ese polvo que molesta, ese polvo que hay que
quitar y limpiar. ¿Cómo lo hacemos? Convirtiéndonos y creyendo en el evangelio.
La cuaresma es el momento de posicionarnos como
cristianos ante el mundo, ante la realidad que nos rodea, ante las situaciones
concretas que estamos atravesando. Cuaresma es tomar conciencia de que tengo
que aprender a vivir como cristiano, siendo consciente de todas esas ocasiones
que he perdido, dejándome llevar por mis propios intereses y egoísmos. Para
ello se nos proponen los tres caminos cuaresmales: ayuno, oración y limosna. No
tanto, refiriéndose a lo material, que también, sino a cuidar el cuerpo y el
alma de todo lo que puede separar de Dios. Un ayuno de murmuraciones y habladurías,
un ayuno de egoísmos y envidias, un ayuno de soberbia y rencor. Una limosna de
perdón y de paz, una limosna de amistad y fraternidad, una limosna de cercanía
y solidaridad con los más necesitados. Una oración elevada a Dios desde la
realidad concreta que estamos atravesando, una oración de entrega a los demás,
una oración activa para con los demás y pasiva escuchando a Dios y su Palabra
de Vida Eterna, una oración sacramental, donde reconciliarnos con Dios por
nuestro pecado y alimentarnos de nuestro Salvador y Señor, alimentando nuestra
fe.
En el fondo la cuaresma es rasgar los corazones y no las
vestiduras, no se trata de aparentar, no se trata de parecer, no se trata de
que los demás nos vean lo que hacemos o no. Se trata de cambiar lo que
realmente mueve nuestra vida, de cambiar nuestros sentimientos y nuestras
vivencias que se alejan de las vivencias cristianas, se trata de que nuestro
cambio cuaresmal sea por y para Dios. Se trata de arrepentirnos del mal que
cometemos, se trata de salir de nuestras comodidades, de nuestros aposentos, y
ponernos en camino al encuentro con el Señor, aunque sabemos que no es un
camino fácil, que es un camino por el desierto, que es un camino de interiorizar
en nuestra vida, pero que es un camino que termina en un oasis cuaresmal, donde
la fuente de la que brota el agua, es el costado de nuestro salvador, y el agua
es agua de vida eterna.
¿Estamos preparados para
realizar este camino cuaresmal? ¿Estamos dispuestos a llegar al Oasis de la
Vida? Comencemos a caminar en este itinerario cuaresmal con fe y con esperanza
de poder cambiar nuestra vida, afianzar nuestra fe, y llenarnos de Dios y de su
Espíritu Santo.
Maximiliano García Folgueiras
Etiquetas:
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