En nuestra vida se hace muy necesario el pararse de todas las prisas que llevamos habitualmente. Es necesario reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor y no vivir como si fuésemos ajenos a lo externo. Hoy más que nunca urge saber dar una mirada creyente y esperanzadora ante un mundo en crisis. Nos disponemos a ofrecer una serie de reflexiones que nos ayuden a descubrir lo que hay a nuestro lado y dar una respuesta creyente y comprometida ante las distintas situaciones.
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sábado, 6 de mayo de 2017
lunes, 13 de julio de 2015
El sentido de la vida está en el amor de Dios
En esta semana el Papa nos ha dicho:"El amor compasivo de Cristo es lo que nos da la libertad y la felicidad verdaderas." Y "Qué hermoso es anunciar a todos el amor de Dios que nos salva y da sentido a nuestra vida.". En estas dos frases el Santo Padre, creo nos da a entender la clave para vivir un auténtico cristianismo, vivir el amor compasivo de Dios con la propia vida. En mi vida me encuentro con muchas personas que nunca se han preguntado para qué están en este mundo, en definitiva nunca se han preguntado por el sentido de sus vidas. En estas personas he encontrado un modo de vida muy temporal pues se basan en los momentos pasajeros. Si estos son buenos, pues se lo pasan bien, si son malos, entonces es cuando la vida no tiene sentido, como si fuese un castigo para la persona. También me he encontrado personas que afirman que el sentido de su vida es el vivir bien. Pero entonces, uno se da cuenta que estas personas cuando no les va bien, su vida ya no tiene sentido. En un caso y otro, de estas personas, la vida, si no va bien, si vienen dificultades, ya no tiene sentido. Ojalá no hubiese dificultades, podríamos pensar, pero la realidad es que éstas vienen y hay que afrontarlas para seguir creciendo como personas. Es entonces cuando uno ha de escuchar al Papa, que nos recuerda que lo que da sentido a la vida es el amor de Dios que salva. Y con nuestras vidas anunciar este amor, para que otros puedan encontrar, igualmente, el sentido de sus vidas. No hay otra cosa más importante que sabernos salvados por Dios, de sabernos amados y predilectos de Dios. Si me sé salvado, esos momentos difíciles los afrontaré desde la misma salvación y no desde el pensar que aún me tengo que salvar. Entonces afrontaré esos momentos con la decisión de salir adelante y no pensar que no es posible salir. Desgraciadamente muchas personas lo viven desde el derrotismo y es ahí cuando caen el terribles errores con peores consecuencias. Desde esta verdad es desde donde adquiere relevancia lo que también afirma el Papa Francisco de que es el amor de Dios el que nos da la felicidad y la libertad verdaderas. No puede ser de otra manera. Nuestro buen Dios llena nuestra vida de amor y misericordia. Ya no tenemos que mendigar amor, podemos ser libres, Dios ha roto nuestras cadenas para hacernos libres y no marionetas de nada ni de nadie. Y es esta libertad la que nos lleva ser felices.
Sólo el amor de Dios nos hace descubrir que somos importantes. No hace falta que hagamos nada ante los demás para ser alguien. Ya somos alguien, y quizás lo más importante, somos hijos amados y predilectos de Dios, llamados a vivir la plenitud de la vida. Para esto vino Jesucristo y a esto somos invitados. yo no quiero faltar a esa invitación, espero que tú, que estás leyendo esto, tampoco, y aceptes también la invitación de ser feliz descubriendo el sentido de tu vida en su amor.
Maximilano García Folgueiras
jueves, 14 de mayo de 2015
Ser Uno mismo o ser lo que los demás quieren
¿Ser uno mismo o ser quien los demás
quieren?
Pregunta que hoy se hace muy actual.
En muchos momentos, en muchos ambientes y en muchos lugares, da la sensación
que la persona se siente obligada a actuar con determinados comportamientos que
exigen en el entorno. Lo más preocupante es en aquellos lugares o aquellas
personas que también intentan manipular a los demás según su propio discurrir y
sus propios planteamientos.
Ante la pregunta inicial, lo que
está de fondo es la pregunta sobre la libertad del hombre. Ésta no radica en el
exterior, ni en el entorno, ni en el ambiente. Estos componentes,
evidentemente, son factores que afectan, como un añadido. Pero el verdadero
fundamento de la libertad está en el interior de uno mismo. En el tener las
propias convicciones, deseos, anhelos y proyectos y luchar por ellos. Uno de
los personajes que demuestran esto fue el cardenal Van Thuan, que aun estando
encarcelado, esa opresión no hizo que él desistiese en su empeño de vivir la Eucaristía. Nadie
fue capaz de quitarle su libertad, aunque ésta fuese entre rejas. Esto
demuestra que la libertad es algo del interior humano, es algo que compete al
modo de vivir las situaciones y no a las situaciones en sí. Quien es capaz de
descubrir esto, es capaz de poder comprender que a pesar de las dificultades, a
pesar de las situaciones, sean las que sean, uno puede ser feliz, pues la
felicidad radica en la libertad que me da el poder vivir cada momento en su
plenitud. Debido a la libertad se es capaz de poder ser agradecido en cada
momento, aunque éste sea difícil. Como nos dice el conferenciante Nick Vujicic,
hay que ser agradecido por lo que se tiene y no amargarse por lo que no se
tiene. Y esto sólo se puede realizar cuando uno se siente libre, esté en la
situación que esté. Emilio Duró, otro gran conferenciante, en un congreso de
mercado internacional en Galicia, afirma “No vendáis vuestra vida”. Creo que
esta es la clave del tema reflexionado. Uno no puede querer ser lo que otros
quieren. Uno debe aceptarse con sus virtudes y con sus defectos, y así ser
libre para mostrarse ante los demás como se es. Esta es la clave en la madurez
humana y el cumplimiento del mandamiento que nos dejo Jesucristo “Amar al
prójimo como a uno mismo”. No debemos olvidarnos nunca del “como a uno mismo”,
pues para que haya amor y crecimiento humano, empieza por aceptarse y amarse
uno como es.
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