lunes, 18 de abril de 2016

Quinta Semana de Pascua 2016



«Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. Y el que estaba sentado en el trono dijo: “Todo lo hago nuevo”». (Ap 21,3-5a).
            Esta es una de las grandes noticias que tenemos los cristianos. Gracias al amor de Dios, gracias a la Resurrección de Jesucristo, los cristianos soñamos y anhelamos esa vida sin muerte, sin luto, sin llanto y sin dolor. Os creyentes esperamos la vida eterna y gloriosa que Dios nos promete. Esperamos una vida nueva en la resurrección, donde gozaremos de la presencia de nuestro Dios por días sin término. Esta es realmente la novedad del cristiano, que somos pueblo de Dios, que Dios está con nosotros y que con Él nada nos falta, pues Él es la plenitud de la Vida.
«Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros» (Jn 13,33-35).
            El Señor se despide de nosotros. Esta es una noticia que nos puede dar pena, que nos puede hacer que nos entren los nervios e incluso los miedos. Podríamos preguntarnos “¿y ahora qué hacemos? ¿qué será de nosotros? Si Jesús se va ¿Por dónde caminamos nosotros ahora?” Preguntas, todas ellas muy lógicas desde el punto de vista humano. Pero Jesús se adelanta a nosotros y nos dice cuál es nuestra misión como cristianos, cuál debe ser nuestra actitud una vez que Él se vaya. Esta actitud no puede ser otra que la del amor. La del amor entre nosotros. Ser testimonio vivo del amor de Dios hoy en el mundo. Ser testimonio de unidad entre nosotros. Esto es algo que me preocupa bastante, pues es precisamente entre nosotros cuando muchas veces somos el antitestimonio de esta petición de Jesucristo, pues en nosotros, muchas veces se da las envidias, los celos, los rencores, las maledicencias, etc. Todo esto no hace sino contradecir el mandato de Jesucristo. Todo porque Él no está y ya parece que podemos hacer lo que queremos, como esos niños de la escuela que cuando sale el profesor del aula piensan que es la oportunidad para hablar y armar alboroto. No sea así entre nosotros. Sigamos hoy escuchando la misión que nos ha encomendado el Señor, amarnos los unos a los otros. Que el amor sea nuestra identidad cristiana. No puede ser otra señal más propicia de demostrar al mundo que el amor de Dios sigue presente entre nosotros, en espera de gozarlo definitivamente con Él, en la vida gloriosa y resucitada. Hoy en el mundo debemos vivir entre nosotros este amor, de una manera adelantada, pero haciendo, de alguna manera, presente ya el amor resucitado de Cristo.
¿Queremos ser discípulos de Cristo? Vivamos el amor, vivamos la alegría de la Resurrección, vivamos la esperanza de que el Señor hace nuevas todas las cosas, incluso nuestra vida. Vivamos con la esperanza y la certeza de que, si nos ponemos en las manos de Dios, Él cambia nuestra vida, la hace nueva, la hace dichosa, la hace testimonio vivo de su amor entre nosotros. Si queremos ser discípulos de Cristo, no nos queda más opción que escuchar su Palabra y hacerla viva entre nosotros, en cada acontecimiento, en cada situación, con cada persona. El amor de Dios lo puede todo. Vivamos de este amor, y demostremos al mundo que la única fuerza capaz de cambiar cualquier situación es el amor.
Maximiliano García Folgueiras

1 comentario:

  1. Es impresionante el amor cuando uno lo siente muy dentro del corazón nada se pone por delante es capaz de dar todo, por aquellos a quienes amas

    ResponderEliminar