jueves, 22 de septiembre de 2016

El circo de las mariposas




1.       Feria de los fenómenos.
a.       Reírse de las imperfecciones de los demás, como si fuera el mejor de los espectáculos.
b.      Cuando presentan a Nick Vujicic.
                                                               i.      Perversión de la naturaleza-
                                                             ii.      Hombre si se le puede llamar así.
                                                            iii.      Dios le dio la espalda.
c.       Nick Vujicic ha escuchado tantas veces su presentación que cuando alguien se acerca a él y le ve como alguien maravilloso, no se lo cree. Él piensa que su vida sólo vale para que se rían de él.
2.       Circo de las mariposas.
a.       Se acepta a cada uno tal como es.
b.      Se es feliz aceptando a cada uno y aprovechando las cualidades que tienen.
c.       Nick Vujicic piensa que no puede hacer nada por si mismo, y por lo tanto no puede participar en el circo de las mariposas, porque no tiene cualidades que mostrar a los demás.
d.      En Nick se confía y se le hace ver que “cuanto mayor es la prueba, mayor es la gloria”.
e.      La confianza que tienen en Nick, hace que él sea capaz de empezar a confiar en sí mismo.
                                                               i.      No le ayudan para atravesar el río. Él no se cree capaz de cruzar por sí solo, y pide ayuda.
                                                             ii.      Como no le ayudan, lo intenta, pero se cae. Él vuelve a pensar que no puede, que por intentarlo se ha caído. Y se queda en el suelo pidiendo ayuda para que le levanten. Pero de nuevo no le ayudan. Confían en que se podrá levantar solo. Ante esa nueva muestra de confianza se intenta levantar y lo consigue. No ha necesitado a nadie para levantarse. Esto le empieza a dar confianza en si mismo.
                                                            iii.      Esa confianza en sí mismo, le lleva a intentar cruzar el río por si solo, sin ayuda, ya no la vuelve a pedir. En ese intento de cruzar, se vuelve a caer. Pero ya tiene confianza en sí mismo. Y lo que hace es intentar salir solo. Los demás, que confían en él, no le olvidan, y miran dónde está. Cuando ven que se ha caído al agua, se preocupan y van a buscarlo. La confianza que tiene Nick en sí mismo, le hace salir del agua, de aquello que le ahoga. Y cuando esta vez, si intentan cogerlo, es entonces cuando él dice que le dejen, que puede hacerlo solo.
f.        Nick ya ha aprendido a confiar en sí mismo. Ya está preparado para actuar en el circo de las mariposas. Ya ve que tiene cualidades que mostrar a los demás. Esto hace que sea una de las más atrayentes acciones en el circo.
g.       Cuando Nick consigue salir victorioso de su número, ve como mucha gente se acerca a él. Ve como muchas personas en situaciones difíciles ven que hay una esperanza para salir adelante.

martes, 24 de mayo de 2016

El Segumiento a Cristo y la Salvación


¿Quién no ha hecho alguna vez una marcha? Cuando uno camina por largo tiempo, sabe que en la mochila debe llevar poco peso, pues al paso del tiempo, la carga se va haciendo cada vez más pesada y el cansancio es más fuerte. De ahí que los expertos en marchas, en escalada, y en cualquier deporte que requiera esfuerzo, pero llevar una carga a la espalda, recomienda que esa carga sea la más pequeña posible.
Esta realidad es la que hace patente el Señor hoy. El Señor nos habla del seguimiento, del camino que hay que realizar para estar con él. Y ya nos adelanta que no llevemos mucha carga, que vayamos ligeros y así llegaremos mejor al final.
El Señor nos promete la salvación, esa que ya anunciaron los profetas y que sin embargo ellos no la vieron. Murieron con la esperanza de que esa salvación de Dios llegase en algún momento y también fuese para ellos. Hoy nosotros ya no tenemos que esperar. Dios, en su Hijo Jesucristo, ya nos ha mostrado la Salvación. Pero esa salvación que nos da Jesucristo, pide algo de nosotros. Nos pide que no nos amoldemos ni nos acomodemos a la vida pasada. Nos pide que tengamos una vida activa, que lo del pasado está muy bien, pero pasado es, que ya no lo volveremos a vivir, y que hoy nos toca una nueva realidad que afrontar y vivir con intensidad. Esa nueva realidad es la llamada que se nos hace a la Santidad. No podemos pensar que eso es sólo para algunos privilegiados, sino que es para todos. La santidad no es hacer milagros o ser una persona muy piadosa, o dedicar mucho tiempo a la oración. Ser santo es dedicar mi vida diaria al Señor, no dejar de hacer las cosas que hago cada día, pero siempre teniendo al Señor presente en cada una de ellas. Ser santo es vivir consciente de la presencia de Dios en nuestras vidas. En definitiva, ser santo, es seguir fielmente a Cristo. Esta debe ser nuestra acción diaria como cristianos, seguir a Cristo. Sabemos que es difícil, pero no imposible. Sabemos que Jesús ya lo pasó mal, que sus apóstoles y que muchos otros seguidores suyos sufrieron el martirio en ese seguimiento. Hoy sabemos que seguir a Cristo es algo que parece estar fuera de lugar y pasado de moda. Pero a pesar de esas dificultades sabemos dónde está la victoria. Cristo murió, sí. Pero no fue una derrota, sino el comienzo de su glorificación en la Resurrección. Los mártires murieron, pero no fueron derrotados, sino que su sangre ha hecho posible la conversión de multitud de cristianos, entre otros, el conocido San Pablo. Todos esos sufrimientos y dificultades que se pueden llegar a pasar por seguir a Cristo tienen una recompensa mayor, que lo convierte en una victoria. El Señor nos lo recuerda hoy, que él nos dará el 101% y la Vida Eterna. En este seguimiento, la primera dificultad que surge, normalmente, es dejar lo que tengo y como estoy viviendo, para vivir una vida más dedicada al Señor y más comprometida con mi fe. Quizás esto implique dejar alguna cosa que hoy pueda considerar imprescindible para mi vida. Pero para vivir la fe en plenitud sólo una cosa es necesaria, el amor a Dios y a los hombres. Jesús nos enseña a que tenemos que desprendernos de cosas, Jesús nos enseña a que ese desprendimiento sea para llenarnos de su amor y así, como dice San Pablo, recorrer la vida para alcanzar la meta que Dios nos promete, la meta de la Salvación y de la Vida.
Maximiliano García Folgueiras

martes, 17 de mayo de 2016

Humildad y atención hacía el Señor





Jesús “no quería que nadie se enterase porque iba instruyendo a sus discípulos”. El Señor quiere intimidad con sus discípulos, no quiere que nada ni nadie les despiste, sino que sus discípulos y nosotros centremos toda nuestra atención en lo que él tiene que decirnos. Los discípulos “no entendían lo que les decía, pero les daba miedo a preguntar”. Es verdad que el mensaje del Señor a veces resulta extraño. No lo entendemos, pero deberíamos hacernos una pregunta ¿Tenemos derecho a preguntar? El que no pregunta algo que no entiende, se quedará con la duda y no lo entenderá. Y este no entender puede llevar a confusiones y malos entendidos. Por el camino, mientras iban con Jesús, los discípulos se pusieron a “discutir sobre quién era el más importante”. A esta pregunta nos responde directamente Jesús y nos dice que el más importante es el que es servidor de todos. La importancia está en el servicio. Algo muy contrario al pensar del mundo. De ahí que Jesús ponga un niño delante. ¿De dónde ha salido ese niño? Estaban en la casa ya, ¿iba también con Jesús? ¿estaba en la casa? No se sabe nada de él, pero es el elegido del Señor para ponerlo como ejemplo. Ese que quizá no cantaba para nadie o que estaba jugando por ahí, o que había preparado la mesa para la cena. Ese del que nadie habla lo pone Jesús en medio. Un niño que presta atención a las cosas que le causan interés, un niño que cuando no sabe algo lo suele preguntar, un niño que no se cree importante ante nadie y que ve en las personas que les rodean personas importantes de las que tomar ejemplo. Y Jesús termina diciéndonos a cada uno que, si queremos ser verdaderos discípulos de él que tomemos ejemplo de ese niño, que nos hagamos como él, que dejemos nuestras estructuras construidas y que nos dejemos construir por Dios, quien no da la vida eterna.
Maximiliano García Folgueiras